Vive tu enfermedad en positivio

La buena relación con el médico que nos atiende
es fundamental para tener confianza en el tratamiento,
pero no siempre es efectiva.

 

A continuación, te indicamos algunas estrategias para mejorar
nuestra comunicación con el profesional sanitario:

Afrontar el
diagnóstico
La relación
médico-paciente
La relación
con nuestro entorno
más cercano
Sobrevivir
al cáncer

Tras el diagnóstico de una enfermedad como el cáncer de tiroides, la primera reacción
suele ser de incredulidad y la primera pregunta que viene a la cabeza es:
“¿Por qué me ha tenido que tocar a mí?”.

La incertidumbre se apodera de nuestros pensamientos y es normal tener dudas por el futuro.

No obstante, si afrontamos nuestros pensamientos podremos establecer un plan concreto y adecuado
a nuestras necesidades y evitar esta situación de abandono y duda que se nos presenta.

 

¿Qué puedes hacer?

 

Desculpabilízate

Nadie tiene la culpa de tu enfermedad. Nuestro organismo es un mecanismo complejo
y son muchos los factores que confluyen en el desarrollo de un cáncer. No somos culpables
de estar enfermos, pero sí responsables de buscar un tratamiento.

 

Aprende a pensar en ti antes que nada durante todo el proceso.

Debes aceptar que tu vida puede cambiar y que, seguramente, debes coger la baja
laboral unos meses y que te sentirás débil. No obstante, confía y lucha por mejorar porque,
aunque no te encuentres con ganas de hacerlo, el proceso se supera y se soluciona.

 

Acepta y expresa lo que sientes

Es normal tener ansiedad, miedo, rabia, tristeza, etc, pero esto no implica que seas más débil,
sencillamente eres humano y, por ello, vulnerable, pero también capaz de hacer frente
a la adversidad y con la libertad de decidir y tomar decisiones. El modo en que nos enfrentamos
a la enfermedad influye en nuestra calidad de vida.

 

Apóyate con tus familiares y entorno de confianza

Hay que hacerles entender que el desahogo emocional entre todos es importante. Si no,
se crea un desajuste en las relaciones que nos confunde más y añade más preocupaciones
y obstáculos. Elige momentos del día para confiar tus miedos, para hablar de ti. Ayudará a que
te conozcas más a ti mismo y a que los tuyos sepan qué sientes y qué sienten ellos.

 

Intenta descansar

La relajación ayuda a controlar los pensamientos negativos.

Si necesitas más información, acércate a una asociación
de pacientes como AECAT ya que encontrarás apoyo e información
válida, fiable y cercana sobre tu enfermedad. Además, podrás
participar en jornadas y encuentros con profesionales y otras personas
que, como tú, también tienen o han tenido cáncer de tiroides.

La buena relación con el médico que nos atiende es fundamental para tener confianza en el tratamiento, pero no siempre es efectiva. A continuación, te indicamos algunas estrategias para mejorar nuestra comunicación con el profesional sanitario:

 

Mantén una buena relación con tu médico

Él conoce tu enfermedad mejor que nadie y puede ayudarte a comprenderla. No te lleves las dudas a casa, aprovecha tus visitas para preguntar y conocer más tu enfermedad y no tengas miedo a pedir ayuda psicológica si la necesitas.

 

Prepara tu consulta con el médico

Para aprovechar al máximo el tiempo. Puedes hacer una lista de todas las dudas que te hayan surgido y apuntar las respuestas o consejos que te dé. Cuando salimos de la consulta todo puede confundirse. Si tienes las respuestas apuntadas, podrás repasarlas cuando lo necesites.

 

No olvides llevar un registro

De todas tus citas con el médico, las pruebas de diagnóstico y los días de los tratamientos. Es muy importante tener esto controlado ya que, aunque en los hospitales se apuntan todas tus citas, cada vez te preguntarán por las fechas de las últimas pruebas.

 

Acude a tu cita con una persona de confianza

Esto va a facilitarte los trámites, tanto para compartir la información como para tener un apoyo emocional e incluso físico, por si nos fallan las fuerzas.

 

Expresa tus sentimientos

Cuando estamos con el médico nos cargamos de gran tensión para enterarnos bien de todo, poder atender, centrarnos, saber qué tenemos que hacer o cómo deberíamos reaccionar.

Las personas más cercanas a nosotros, nuestra familia y amigos, son los que más tiempo pasarán a nuestro y serán nuestro mejor apoyo para superar los malos momentos de este periodo.

 

Comunícate y habla con ellos

Especialmente con las personas más cercanas. El lenguaje no verbal es más importante que lo que podamos decir y, en estos casos, es casi más fácil para nosotros abrazar y besar a quienes queremos que expresar con palabras nuestros sentimientos.

 

Si te sientes desbordado emocionalmente, no lo ocultes para olvidarlo

Ya que solo conseguirás acumular lágrimas y acrecentar esas sensaciones hasta que un día explotemos sin control. Son sentimientos normales en una situación nueva para nosotros.

 

No dejes de seguir disfrutando de buenos ratos

En los momentos que te encuentres mejor, puedes aprovechar para compartir algún juego en casa, ver una película, un programa de televisión, salir a pasear, etc.

 

Evita aislarte

De todos los aspectos de tu vida. Sabemos que, tras el diagnóstico de esta enfermedad, el cáncer pasa a ser tu mayor preocupación, pero sigue disfrutando de tiempo para ti y con los tuyos.

 

Es positivo pedir lo que necesitamos concreta y abiertamente

Y tratar de transmitir agradecimiento por la ayuda de cada uno.

Durante los meses pasados puedes haberte sentido frágil tanto físicamente como emocionalmente. Probablemente, esto te ha hecho reflexionar sobre cuestiones como el estilo de vida que has llevado y lo que ahora te interesa más. Esta debilidad te hace consciente de tu vulnerabilidad y, por otro lado, te transforma en una persona fuerte que ha luchado y ha superado una experiencia muy dura.

 

Tras haber sufrido una enfermedad como el cáncer, tu forma de hacer y ser puede haber cambiado, pero tienes motivos para sentirte feliz por la recuperación.

 
Las continuas y frecuentes visitas de control al médico y la repetición del historial ante cada nuevo especialista, que se convierte en una carta de presentación, pueden crear cierta obsesión por la enfermedad y una auto-atención excesiva a nuestro cuerpo. No dejes que esa idea controle tu vida.

 
Estarás de mejor humor si aprovechas las ocasiones en que puedes expresar tus sentimientos: temor, enojo o tristeza, no tienes que borrar de tu mente lo que has pasado. Desahógate para que no se queden dentro de ti y tapen esas otras emociones vitales que te abren el camino de tu vida.

 
La vida sigue adelante después del tratamiento de cáncer y, afortunadamente, tenemos muchísimos ejemplos a nuestro alrededor para confirmarlo. En los siguientes puntos queremos, resumirte lo que para otros pacientes ha sido útil:

 

Haber tenido cáncer no significa estar etiquetado de por vida

La enfermedad está controlada y es un aspecto más del día a día de la persona.

 

Es normal que el miedo al cáncer regrese

Especialmente durante el primer año. La consecuencia sería que volverían a ingresarte para otra dosis de yodo radioactivo o que tuvieran que operarte de nuevo, y superarás esta nueva prueba igual que la vez anterior.

 

Muéstrate activo en las citas con el médico

Ya conoces el tratamiento, así que puedes opinar, sabes mejor que nadie cuáles son tus síntomas.

 

Trata de tener una actitud positiva

Que te ayude a sentirte mejor y pensar en tu bienestar y el de tu familia.

 

Mantente activo

Para tener un sentimiento de control sobre las cosas que te rodean.

 

Vuelve a tu actividad laboral

Cuando te encuentres preparado. Tu cuerpo reaccionará a la medicación y recuperarás las fuerzas físicas y mentales para hacer frente a la reincorporación.

 

No tienes que dar explicaciones

Es interesante tener pensado lo que vas a decir cuando te pregunten por tu ausencia. No tienes que dar explicaciones si no lo deseas, ni comentar la causa de la intervención si no lo crees conveniente

 

Cuida tu vida afectiva

Piensa en lo que has aprendido de todo el proceso para poder aplicarlo si se presentase una recaída.

 

No todos los síntomas

Que notes tienen que estar relacionados con la operación o la falta de tiroides.

 

Intenta centrarte

En el resto de aspectos diarios que superas cada día y acudirás a la revisión con confianza.

Si te has sometido a una tiroidectomía, sabes que deberás tomar medicación diaria para suplir la falta de la tiroxina, la hormona que segrega la glándula de tiroides. Además, deberás añadir en algunos casos el control de otros trastornos como la falta de calcio o incluso problemas gastrointestinales.

 
Es importante entender la necesidad de seguir un tratamiento farmacológico y normalizarlo dentro del proceso de la enfermedad y, posteriormente, para mantener la estabilidad del organismo y nuestra salud.

A continuación, te mostramos algunos consejos que pueden ayudarte en tu día a día:

 

Organiza bien tu medicación

Tanto para su acceso y localización, como en su distribución horaria y control. Antes, tenemos que familiarizarnos con las dosis, los tiempos entre medicación y comidas, incompatibilidades entre distintos medicamentos y con algunos alimentos y las posibles reacciones y efectos secundarios que puedan surgir para tener preparada una posible respuesta de actuación.

 

Pide información sobre el tratamiento y la medicación

Es la continuación del proceso junto con los seguimientos y controles. En el caso del cáncer de tiroides las revisiones nos indican el control de la enfermedad, pero también la supervisión de las dosis y sus ajustes.

 

Según pasa el tiempo, las reiteradas visitas a centros médicos y la nueva información, pueden convertirnos en pacientes expertos.

Como en todo, debemos saber mantenernos en nuestro rol de pacientes activos y, aunque conozcamos mejor que nadie las reacciones de nuestro cuerpo y nuestro estado, tenemos que mantenernos confiados y abiertos a nuevas recomendaciones.

 

A veces relacionamos cualquier síntoma

A la falta de tiroides y puede que no sea así, porque podemos estar afectados por otros problemas de salud independientes del cáncer.

 

Tenemos asimiladas unas creencias

Sobre vivir con medicación que nos dan una imagen confusa de lo que significa ser un enfermo crónico. Nos da miedo la dependencia, sentirnos vulnerables y débiles en determinadas facetas de nuestra vida y tomar caminos diferentes a los que teníamos programados en nuestro plan de vida.