• Gracias a los avances conseguidos, cada vez hay más personas que viven durante muchos años después del diagnóstico y que, por tanto, necesitan seguimiento, información, apoyo y una atención continuada
  • Prevenir las secuelas, facilitar el acceso a la innovación, ofrecer información, escuchar, acompañar y tomar decisiones compartidas, clave para mejorar la calidad de vida de los pacientes
  • En 2026 se estiman 6.678 nuevos diagnósticos de cáncer de tiroides en España, mayoritariamente en mujeres (4.941 casos frente a 1.738 en hombres)
  • En la mayoría de casos, el tratamiento del cáncer de tiroides requiere una tiroidectomía parcial o total y, como consecuencia, tratamiento hormonal sustitutivo de por vida

Hoy, 28 de septiembre, se conmemora el Día Nacional del Cáncer de Tiroides, tumor que representa el 13,4% de los casos entre los cánceres diagnosticados en personas de 20 a 39 años España. Según el informe Las cifras del cáncer en España 2026, elaborado por SEOM y REDECAN, en 2026 se estiman 6.678 nuevos diagnósticos de cáncer de tiroides en España, mayoritariamente en mujeres (4.941 casos frente a 1.738 en hombres).

El cáncer de tiroides presenta una elevada supervivencia, aproximadamente un 90%, pero el éxito asistencial no puede medirse únicamente por la ausencia de enfermedad o por los años de vida.

Por ello, la Asociación Española de Cáncer de Tiroides (AECAT) pone en marcha la campaña «Avances que cambian vidas«, una iniciativa que celebra el progreso, y que exige al mismo tiempo que la innovación se mida también en bienestar, autonomía, información, equidad y calidad de vida. Como subraya la presidenta de la organización, Arantxa Sáez, “hemos avanzado mucho y debemos reconocerlo. Pero el próximo paso es lograr que cada avance científico, tecnológico y asistencial se traduzca en una mejora real de la vida de los pacientes”.

Con este objetivo la asociación presenta un decálogo de prioridades para que las personas puedan vivir mejor durante y después de la enfermedad.

En este sentido, según destaca la presidenta de AECAT, como primer punto del decálogo hacemos hincapié en que “la supervivencia es fundamental, pero no basta. Los resultados de la atención deben incluir el bienestar físico y emocional, la funcionalidad y la capacidad de recuperar la vida cotidiana después del cáncer”.

“Asimismo, – añade- necesitamos seguir avanzando en el conocimiento de la enfermedad, los biomarcadores, los factores pronósticos y las nuevas dianas terapéuticas y garantizar un acceso equitativo a la innovación, desde las pruebas moleculares, las terapias dirigidas, las tecnologías quirúrgicas hasta los nuevos tratamientos y evitar que sea necesario llegar a una situación de deterioro grave para acceder a la innovación”.

Cirugía segura y personalizada y prevención de secuelas

En la mayoría de casos, el tratamiento del cáncer de tiroides requiere una tiroidectomía parcial o total y, como consecuencia, tratamiento hormonal sustitutivo de por vida.

Así AECAT indica la importancia de laadecuada selección de la intervención, la incorporación evaluada de nuevas tecnologías y protocolos dirigidos a preservar las glándulas paratiroides y otras estructuras esenciales como elementos esenciales para mejorar los resultados y reducir el riesgo de complicaciones.

Por otra parte, después de una tiroidectomía, muchas personas necesitan tratamiento hormonal sustitutivo durante toda su vida. Algunas continúan presentando síntomas o dificultades para recuperar su bienestar y, cuando además aparece hipoparatiroidismo, la carga física, cognitiva y terapéutica puede aumentar considerablemente. Por tanto, es primordial prevenir, detectar y tratar adecuadamente estas consecuencias y tener acceso a equipos especializados cuando persistan los síntomas o existan complicaciones.

Igualmente, es preciso ofrecer información clara antes, durante y después del tratamiento para participar en la toma de decisiones y afrontar mejor el proceso.

La atención no debe terminar cuando finaliza el tratamiento inicial. Algunas necesidades aparecen o persisten meses o años después. Se requieren circuitos coordinados entre cirugía, endocrinología, oncología, medicina nuclear, atención primaria, enfermería, salud mental y otras especialidades cuando sean necesarias.

Cuidar la salud emocional es también fundamental para garantizar una mejora de la calidad de vida. Así la atención psicológica debe estar disponible durante el diagnóstico, el tratamiento y el seguimiento.

Y, por supuesto, debe incorporarse la participación de los pacientes en las decisiones sobre su salud, de tal manera que contribuyan a definir las prioridades de investigación, los procesos asistenciales y la evaluación de los resultados.

En definitiva, concluye Arantxa Sáez, “el cáncer de tiroides tiene una supervivencia elevada, pero esta no garantiza por sí sola una buena calidad de vida, y existe un grupo de pacientes que continúa afrontando síntomas, secuelas y necesidades no suficientemente reconocidas después del tratamiento. Para muchas personas, el proceso no termina con la cirugía ni con la ausencia de enfermedad. Pueden persistir alteraciones hormonales, fatiga, dificultades para alcanzar un adecuado equilibrio terapéutico, problemas emocionales, miedo a la recaída o secuelas crónicas como el hipotiroidismo y el hipoparatiroidismo”.

Contribuir a evitar tratamientos y cirugías innecesariamente agresivos; prevenir secuelas; reducir las complicaciones del tratamiento; identificar las necesidades específicas de cada tumor y de cada persona; mejorar el seguimiento; preservar la funcionalidad y el bienestar emocional; facilitar una vida plena después del cáncer; e incorporar la voz de los pacientes a la investigación y a las decisiones sanitarias es el camino para avanzar en la mejora de vida de estos pacientes.

La campaña ‘Avances que cambian vidas’ cuenta con la colaboración de Ascendis Pharma, Esteve, Lilly y la Fundación “la Caixa”.