Consejos de nuestra psicóloga

Vuelta a la vida activa después del cáncer

Después del cáncer llega un momento de reflexión antes de reincorporarnos a las que eran nuestras tareas habituales hasta antes del diagnóstico.

Cuando piensas en cómo surgió todo o te preguntas de qué te han operado, siempre recuerdas el momento puntual en el que te diagnosticaron cáncer. Siempre aparece de forma brusca y rompiendo con todo lo cotidiano. No sabemos cuál fue el origen o desde cuando estuvo desarrollándose el tumor, y en la mayoría de los casos la respuesta es: “yo estaba bien hasta que noté un bulto en el cuello”. Como mucho, alguno dirá que últimamente se notaba muy estresado o que había perdido peso.

Ese será un punto de corte en nuestra vida y quizá marque un antes y un después. Nos habrá obligado a hacer una parada en nuestra actividad cotidiana, no tanto por la gravedad de los cambios físicos sino porque todo el proceso afectará por completo a nuestro entorno.

Sabremos que ya es momento de retomar nuestra vida activa cuando nos sintamos capaces de cuidarnos a nosotros mismos y tengamos la intención de recuperar las riendas de muchas cosas que hemos dejado atrás durante meses. Ésa es la sensación de control que va a conseguir reorientarnos y motivarnos para buscar nuevos objetivos.

Pero en este camino no estamos solos. Por un lado, nuestra familia y amigos que conviven con nosotros van a tener que aceptar que ya nos valemos y queremos recuperar nuestro sitio en tareas que habíamos tenido que delegar. Por otro, habrá gente a la que no habíamos vuelto a ver y tendremos que enfrentarnos a contar nuestra historia, en primera persona y hablar de lo que nos ha apartado del trabajo o del día a día. Esta es otra razón por la que hay que estar preparado para volver con la fuerza emocional necesaria.

Cuando seamos capaces de comentar nuestro caso con desconocidos, amigos y colegas habremos dado un gran paso aceptando nuestras vivencias. Da igual que no estemos al nivel de antes de la intervención, el tiempo está a nuestro favor, porque ahora es el momento de ir remontando y superándonos hasta alcanzar el nivel que nos propongamos; puede que nuestra exigencia o nuestros objetivos hayan cambiado o que simplemente, necesitemos un tiempo más relajado y con menos tensiones para adaptarnos.

Una visión diferente

Probablemente la enfermedad nos ha mostrado un lado de nuestra persona que no conocíamos y también  el lado más humano de nuestros allegados y de las personas que nos rodean. Es decir,  es posible que nos reincorporamos con una nueva visión del mundo, más amplia y más concreta a la vez.

El contacto directo con los médicos y cuidadores va a ir disminuyendo y eso será una buena señal porque nos indicará que nuestro organismo se está recuperando, pero también puede dejarnos inseguros. Por eso, es importante confiar en nuestro médico para aceptar que ya no necesitamos estar tan controlados. Las revisiones y la espera de los resultados de las pruebas se irán aplazando y durante este periodo estarán a nuestro lado los antiguos (o nuevos) compañeros de trabajo, nuestros conocidos y allegados, las relaciones que vamos a recuperar y las que ahora tenemos que fomentar para no sentirnos apartados. Y también porque la inactividad nos ha dejado desentrenados y como no siempre podremos retomar las tareas progresivamente, tendremos que apoyarnos todavía en los demás con la clara convicción de que somos fuertes y tenemos un camino y muchas metas que alcanzar.