Consejos de nuestra psicóloga

La comunicación del paciente con cáncer

Desde AECAT hemos resaltado la importancia que tiene la información en el proceso de nuestra enfermedad, no solo la información que recibimos del equipo médico sino también nuestra forma de comunicarnos con la familia y nuestros amigos.

En el momento del diagnóstico, comienza un proceso largo de pruebas y visitas médicas importantes. Conocer lo que nos pasa nos ayuda a centrarnos en la recuperación pero, esa información la asimilaremos mejor si nos la transmiten de un modo adecuado y si, posteriormente, nosotros sabemos integrarla y compartirla con nuestros allegados.

En nuestro papel de pacientes podemos tener en cuenta ciertas estrategias de comunicación que nos van a ayudar en un momento en el que ronda la confusión, y se van a ver reflejadas en nuestra satisfacción, el seguimiento de los tratamientos, la percepción de competencia y valía, el pronóstico de la enfermedad y el estado de salud en general.

La comunicación con el equipo médico

La buena relación con el médico que nos atiende es fundamental para tener confianza en el tratamiento, pero no se da en muchos casos y tendremos que lidiar también con ese contratiempo. Aunque es el médico el que debería saber informarnos adecuadamente, si no demuestra esas habilidades, nosotros podemos facilitar la tarea con unas sencillas estrategias:

  • Nuestro objetivo es comprender correctamente la información que nos dan y encuadrarla en el nivel de gravedad y situación exacta en la que nos encontramos, sin dejar pasar lo que no queremos escuchar, y sin llegar a catastrofizar la información, adelantándonos en el tiempo y dejando que nuestra ansiedad se dispare.
  • Por eso, es importante preparar las citas médicas. Quizá notes alivio al respirar unos momentos antes de entrar para intentar estar más serenos y despejados.
  • Nuestra mejor arma: preguntar y pedir confirmación de lo que estamos entendiendo.
  • Acotar los pasos e indicaciones que nos den y apuntarlo por escrito para volver sobre ello más tarde, en casa. También podemos aclarar dudas por teléfono si algo se nos escapa.
  • Ir acompañados con alguien de confianza nos va a facilitar los trámites, tanto para compartir la información como para tener un apoyo emocional e incluso físico, por si nos fallan las fuerzas. ¿A quién no les han flaqueado las piernas al salir de la consulta, o sale tan alterado que necesita dar un paseo antes de volver a casa para asimilar la información?
  • Expresar nuestros sentimientos. Cuando estamos con el médico nos cargamos de gran tensión para enterarnos bien de todo, poder atender, centrarnos, saber qué tenemos que hacer o cómo deberíamos reaccionar. Comunicar nuestro asombro, nuestra incertidumbre y dudas, decirle que estamos muy preocupados por la información y pedir que nos hablen más despacio y claro.

 

La comunicación con familiares y amigos

Las personas más cercanas a nosotros, nuestra familia y amigos, son los que más tiempo pasarán a nuestro y serán nuestro mejor apoyo para superar los malos momentos de este periodo.

  • Comunicarnos no es sólo hablar, especialmente con las personas cercanas, que nos apoyan. El lenguaje no verbal es más importante que lo que podamos decir y, en estos casos, es casi más fácil para nosotros abrazar y besar a quienes queremos que expresar con palabras nuestros sentimientos.
  • Si nos sentimos desbordados emocionalmente, por el llanto o el nerviosismo, no debemos ocultarlo para intentar olvidarlo, porque sólo conseguiremos acumular lágrimas y acrecentar esas sensaciones hasta que un día explotemos sin control. Son sentimientos normales en una situación nueva para nosotros.
  • Podemos quitarnos presión comentando claramente con nuestra familia que tenemos ganas de llorar porque nos encontramos débiles y retirarnos un rato a descansar y desahogarnos. Es mejor que sepan por qué estamos así que intentar ocultarlo.
  • También nos ayudará pasar un buen rato todos juntos; en esos momentos que nos encontremos mejor, podemos aprovechar para compartir algún juego en casa, o ver un vídeo o un programa de televisión divertido, incluso una merienda agradable.
  • Todos necesitamos nuestro espacio. Un tiempo para nosotros y para los nuestros. Tampoco podemos dejar que el cáncer y nuestras emociones ocupe todo nuestro tiempo; aunque ahora sea nuestra mayor preocupación, no podemos aislarnos absolutamente del resto de aspectos de nuestra vida y de la de los demás.
  • Si nuestra familia tiene la misma información que nosotros podremos gestionarla mejor, aportando cada uno la parte que le corresponde de conocimientos, apoyo y fuerzas.
  • Hay que elegir bien el momento y el lugar tranquilo para hablar de estos temas, sin prisas y prestándonos atención.
  • Es positivo compartir la información médico-técnica para seguir las pautas del tratamiento y organizar la agenda de pruebas y citas. También es aconsejable hablar de lo que cada uno siente ante la enfermedad. Todos somos vulnerables, pero todos tenemos también la capacidad de afrontar las dificultades, aunque no seamos conscientes de ello hasta que se nos presenta el problema.
  • Por muy bloqueados que nos sintamos, es bueno ser flexibles con los demás. Nuestros familiares y amigos están preocupados, como nosotros, y aunque no todos tenemos las habilidades sociales para comunicarnos positivamente, lo importante es intentar llegar al otro y que nos sienta cerca, que se percate de nuestra intención de ayudar.
  • La claridad es fundamental para sincerarnos. No podemos adivinar el pensamiento del otro; una cosa es ponernos en su lugar para acercarnos a sus sensaciones y otra dar por hecho cosas que pueden no ser ciertas.
  • Es positivo pedir lo que necesitamos concreta y abiertamente, y tratar de transmitir agradecimiento por la ayuda de cada uno.

La comunicación con los niños

Los niños tienen una gran sensibilidad y están educados en unas rutinas rigurosas de horarios, actividades, comidas… Se dan cuenta de cualquier cambio y ellas y, por ese motivo, rápidamente notarán que algo ha cambiado: visitas al médico, irritación, toma de medicamentos, llamadas de teléfono que no son habituales, conversaciones en tono más serio de lo normal.

Por lo tanto, cuando alguien está enfermo en casa, es aconsejable que comunicárselo a todos de la familia. Lo mejor es hacerlo con tranquilidad, sin ruido de fondo, pidiendo que presten atención a las nuevas noticias, pero con serenidad para no infundir miedo o preocupación excesiva. Si no hablas con tus hijos es posible que empiecen a imaginar cosas peores de lo que realmente ocurre y creen fantasías que no les van a dejar centrarse en su mundo:

  • Hay que hablarles con cariño, despacio y con frases cortas y claras, sin términos médicos, y pidiéndoles que nos pregunten si no entienden algo. Sobre todo, hablar con ellos para transmitirles tranquilidad y seguridad. Que aunque alguien en casa esté enfermo, la medicina le va a curar y sólo va a ser una temporada más delicada en la que tenemos que ser fuertes y responsables.
  • De los 3 a 6 años. El pensamiento del niño es muy concreto y egocéntrico, no tienen clara la relación causa-efecto, tienen mucha imaginación e ideas ilógicas, y su principal miedo es verse solos, sin que nadie le cuide. Por eso, hay que darles la información justa y breve y que no va a interferir en su día a día, que le vamos a seguir cuidando, pero a lo mejor vamos a tener que pedir ayuda a otras personas cercanas durante una temporada.
  • De los 7 a 11 años. Ya van comprendiendo el concepto de enfermar y conocen un poco su cuerpo. Les podemos hablar de más cosas y pedirles algo de ayuda para que se sientan importantes a nuestro lado. La amistad cobra un papel destacado en su mundo.
  • De los 12 a 18 años. Su pensamiento es racional, sistemático y deductivo. Los adolescentes son conscientes de la importancia  de la salud. No tenemos que hacerles cargar con todo el peso de la casa, pero sí hacerles ver que vamos a apreciar mucho su ayuda en esos momentos y agradecerles por todo su cariño. Puede surgir el miedo al futuro, pero podemos enseñarles a vivir el aquí y ahora, sin crear ansiedad por lo que no podemos saber con certeza que va a pasar más adelante.
  • El tipo de comunicación que establezcamos en casa, con la familia, es un pilar fuerte en el que apoyarnos cuando necesitemos pedir ayuda, en un entorno en el que no nos avergüence que nos vean llorar o en el compartir nuestra recuperación.

La comunicación con las personas mayores

En muchas ocasiones nos sentimos culpables de estar enfermos, en el sentido de que nos vemos como los causantes de la preocupación de nuestros familiares. No solo ocurre con los niños, sino que, a veces, también nos faltan estrategias para hablar con las personas mayores por temor a que se vengan abajo o se preocupen en exceso. Como hemos comentado, toda la familia, tanto los pequeños como los mayores, tenemos más recursos de los que pensamos para afrontar las dificultades:

  • Hablar de manera clara, utilizando todos los sentidos (el contacto visual y el tacto, sobre todo) nos ayudará a mejorar la comunicación con las personas de edad avanzada. Trata de crear un ambiente acogedor que facilite la conversación.
  • Anima y refuerza la capacidad que tenemos todos de superación de las crisis y los malos momentos.
  • Muestra tu interés en que ellos estén bien para que nosotros también mejoremos.