Consejos de nuestra psicóloga

Convivir con un tratamiento crónico

La primera consecuencia de la tiroidectomía es la necesidad de tomar medicación diaria para suplir la falta de la hormona que segrega la glándula tiroides, la tiroxina. A ello hay que añadir, en algunos casos, el control de otros trastornos como la falta de calcio o los problemas gastrointestinales.

Es importante entender la necesidad de seguir un tratamiento farmacológico y normalizarlo dentro del proceso de la enfermedad y, posteriormente, para mantener la estabilidad del organismo y nuestra salud.

Mantener unos hábitos saludables empieza por organizar bien la toma de la medicación, tanto para su acceso y localización, como en su distribución horaria y control. Digamos que es la parte mecánica que se va a instaurar como un nuevo hábito. Antes, tenemos que familiarizarnos con las dosis, los tiempos entre medicación y comidas, incompatibilidades entre distintos medicamentos y con algunos alimentos y las posibles reacciones y efectos secundarios que puedan surgir para tener preparada una posible respuesta de actuación. Es decir, confeccionar nuestra agenda y horario particular de salud.

Después de informarnos sobre nuestra enfermedad, el siguiente paso es pedir información sobre el tratamiento y la medicación. Esta es la continuación del proceso junto con los seguimientos y controles. En el caso del cáncer de tiroides las revisiones nos indican el control de la enfermedad, pero también la supervisión de las dosis y sus ajustes.

Según pasa el tiempo, las reiteradas visitas a centros médicos y la nueva información, pueden convertirnos en pacientes expertos y llegar a creernos este papel. Como en todo, debemos saber mantenernos en nuestro rol de pacientes activos y, aunque conozcamos mejor que nadie las reacciones de nuestro cuerpo y nuestro estado, tenemos que mantenernos confiados y abiertos a nuevas recomendaciones. Vamos aprendiendo cada día.

Al contrario que este modelo de paciente, también podemos pasar de la tensión nerviosa y ansiedad por llevar bien el tratamiento al cansancio y la apatía por tener que estar pendientes continuamente de tomar la medicación y sentirnos atrapados o esclavizados por ese motivo. Ante estos sentimientos, que son válidos porque describen nuestro estado de ánimo, no hay que perder el objetivo que perseguimos: encontrarnos bien.

En este punto entran en juego las expectativas que tenemos respecto a la medicación: ¿Qué resultado esperamos obtener? ¿Qué efectos o cambios creemos que vamos a notar? A veces achacamos cualquier síntoma a la falta de tiroides y puede que no sea así, porque podemos estar afectados por otros problemas de salud independientes del cáncer. Es posible gestionar la intolerancia a la incertidumbre con buenas fuentes de información y fortaleciendo nuestra serenidad para afrontar cualquier adversidad, grande o pequeña. Un buen método es hacer un balance de la situación en función de la diferencia entre probabilidad (subjetiva) y posibilidad (real) de que algo llegue a suceder, lo que nos ayudará a centrar la visión en el presente y no hacer anticipaciones ansiógenas.

Tenemos asimiladas unas creencias sobre vivir con medicación que nos dan una imagen confusa de lo que significa ser un enfermo crónico. Nos da miedo la dependencia, sentirnos vulnerables y débiles en determinadas facetas de nuestra vida y tomar caminos diferentes a los que teníamos programados en nuestro plan de vida.

Paciente polimedicado

El término polimedicado se aplica en los casos en los que se toman varios medicamentos de forma crónica. Puede ser un paciente con una sola enfermedad que requiere múltiples medicamentos o las personas que tienen varios trastornos y cada uno precisa uno o varios fármacos diferentes.

En estos casos, puedes “negociar” con el médico para confirmar que tomas sólo lo que necesitas o si puedes agrupar o cambiar determinados tratamientos para que sea más fácil de gestionar. En el proceso de aceptar la cronicidad de nuestro estado físico influye mucho el apoyo familiar para asumir entre todos la nueva situación y afrontarla con naturalidad, integrándola en nuestra cotidianidad, ayudando sin presionar, intentando ponernos en el lugar del otro para comunicarnos con una actitud paciente y asertiva, pero no de forma pasiva ni agresiva.

Las consecuencias de no tener bien asimilado nuestro papel activo en el tratamiento son las siguientes:

  • Puede producirse una falta de adherencia terapéutica, es decir, no tomar la medicación manera correcta en base a las pautas que indica el médico, ya sea por la ingesta de mayor o menor dosis o por tomarla con una frecuencia incorrecta. La consecuencia más directa de esta falta de adherencia es, por un lado, la falta de eficacia del tratamiento; por otro, la posibilidad de que aparezcan efectos secundarios o como consecuencia de interacciones o cambios en la dosis.
  • Puede conducirnos a disminuir la autopercepción de nuestro estado de salud, y cambiar la referencia de nuestras sensaciones, el control sobre la enfermedad y nuestra capacidad en el día a día.

Nuestra adaptación será más provechosa si encajamos en nuestra vida cotidiana la importancia justa y justificada de tomar medicación a diario, que no tiene otra finalidad que la de mantenernos sanos, ajustando nuestro organismo a los cambios que se han producido y mejorando nuestra calidad de vida tras la aparición de un cáncer.