Posibilidades del diagnóstico molecular ante la sospecha de cáncer de tiroides


Esta semana queremos presentaros un interesantísimo artículo, con las opiniones de grandes especialistas del Grupo de Trabajo de Cáncer Diferenciado de Tiroides de la SEEN (Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición), sociedad con la que colaboramos habitualmente, y a la que no dejamos de agradecer su disposición permanente y su dedicación a la investigación  para la implantación en la sanidad española de los mejores protocolos en cáncer de tiroides.

Un homenaje a la SEEN y a todos los especialistas que con sus investigaciones han conseguido un descenso en la tasa de mortalidad asociada, gracias como señala el Dr. Galofré responsable del grupo de trabajo a “un diagnóstico más precoz y preciso, a los avances terapéuticos conseguidos en el tratamiento del cáncer de tiroides avanzado que no responde al radioyodo y al diagnóstico molecular, que nos está permitiendo individualizar al máximo el tratamiento para cada paciente”.

En este artículo se aborda la mejora en el diagnóstico gracias a los marcadores moleculares que permiten delimitar qué pacientes deben ser operados y cuáles no, en aquellos casos en el que la Punción Aspiración con Aguja Fina (PAAF),  no es capaz de discernir si un nódulo es benigno.

Se trata pues de un gran avance para muchos pacientes que al encontrarles un bulto o nódulo en el cuello tienen que descartar un cáncer de tiroides. Hasta ahora el proceso habitual dejaba muchas áreas de incertidumbre. La prevalencia de nódulos tiroideos en la población general es muy elevada, cercana incluso al 50%, y, sin embargo, sólo un 5% de ellos son malignos. Pese a estos números el objetivo de todo proceso diagnóstico es descartar a tiempo la posibilidad de estar ante un cáncer de tiroides.

Habitualmente ante un nódulo la primera prueba que se realiza es una ecografía que permite conocer el tamaño y características del nódulo y seleccionar aquellos que deben ser analizados mediante punción-aspiración con aguja fina (PAAF).

Sin embargo, no siempre es fácil determinar qué nódulos deben ser sometidos a análisis citológico y en cuáles no es necesario, e incluso tras la realización de la PAAF en ocasiones el resultado no permite clasificar a un nódulo como benigno o maligno, sino que en un 20% de las punciones el resultado sigue siendo “indeterminado”. Ante esto, y pese a que la mayoría de esas citologías indeterminadas terminan resultando benignas, tradicionalmente se remitía a estos pacientes a cirugía con el consiguiente estrés, y sobreactuación en los casos que, a posteriori, se demostraba en la anatomía patológica que no hubiera sido necesario.

Como nos explica el doctor Garcilaso Riesco Eizaguirre, del Departamento de Endocrinología del Hospital Universitario de Móstoles, en el artículo, “Es en estos casos  en los que los marcadores moleculares pueden jugar un papel importante  y establecer qué pacientes deben ser operados y cuáles no”.

Efectivamente gracias al avance de los estudios genéticos en cáncer de tiroides hoy en día se conocen las mutaciones de alto riesgo de malignidad (BRAF, RAS, RET/PTC Y PPAR/PAX8) lo que nos llevaría a la decisión de seguir con la tiroidectomía. Complementariamente,  también se puede conocer con mucha fiabilidad si genéticamente se ha mantenido la normalidad en un gran grupo de genes, lo que tendría un algo valor predictivo negativo y evitaría someter a ese paciente a una cirugía meramente diagnóstica, con el consiguiente beneficio en la morbilidad, al evitar realizar  una   tiroidectomía a estas personas,  junto a un importante ahorro en el gasto sanitario.

Y sin entreteneros más os dejamos con el Dr. Galofré, el Dr. Riesco y la Dra Alvarez Escola en este artículo, publicado el pasado 3 de febrero en Informaria Digital. Lo podéis leer pinchando el link:

“Aumenta la incidencia de cáncer de tiroides y disminuye la tasa de mortalidad asociada”

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